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Una propuesta de 9 pasos para mirar el éxito más amigablemente

1.- Definir éxito en forma simple

Por ejemplo, como el logro de una meta que uno se ha propuesto en una situación determinada, es decir, en una comunidad (por pequeña que sea).

No definir el éxito como un asunto aislado del resto de las personas y del mundo, ni tan
importante y absoluto que genere demasiada ansiedad y aislamiento.

2.- Mantener esa definición de éxito siempre dentro de un valor relativo

Valor relativo y de colaboración a otras necesidades más amplias y fundamentales en nuestra vida.

Una necesidad fundamental para todos es la necesidad de evolucionar como personas y mantener la salud ya sea compartiendo y colaborando con los demás, descansando, etc.

No sobre estimar el valor del éxito esperando que el logro de la meta solucione para siempre nuestra vida, porque la vida es móvil y siempre trae necesidades nuevas.

No subestimar tampoco el valor del éxito porque entonces no nos motivará a emplear todos los recursos personales necesarios.

3.- Tener presente que el éxito requiere trabajar sostenida, colaborativa y disciplinadamente durante un tiempo, en colaboración con otros.

Y también saber que en ese tiempo de trabajo pueden surgir dificultades inesperadas que nos pueden frustrar y desmotivar mucho.

Ir tras una meta implica necesariamente trabajar coordinadamente con los otros y con lo que pasa en el mundo, por más que sea una meta muy personal. Hoy nos encontramos con un virus que no fue considerado en ningún plan, y hemos tenido que integrarlo en nuestros planes.

4.-Para intentar lograr la meta, darle, entonces, un valor muy alto al camino o proceso que hay que hacer en un contexto que siempre involucra a los demás queramos o no.

Este proceso se valora poniendo mucha atención a todos los aprendizajes que logramos solucionando los problemas que se presenten ya sean grandes o pequeños. Ningún esfuerzo se pierde, todo enseña algo para vivir mejor.

5.- Celebrar todos los avances graduales en conseguir la meta, con quienes han colaborado directa o indirectamente.

El celebrar los pequeños avances sirve para disfrutar desde ya, y también para mantener el
personal equilibrio necesario, que ayude a seguir adelante.

6.- Si conseguimos la meta, celebrar, celebrar y celebrar! junto con todos los que la hicieron posible.

Aunque hubiésemos trabajado muy solos, siempre hay que agradecer a otros que hicieron lo suyo oportunamente, que no nos interfirieron, y que tal vez renunciaron a ser ayudados por nosotros para dejarnos el espacio.

7.- Si no conseguimos la meta y el proceso se hace muy cansador o surgen problemas que no está al alcance resolver por el momento, evaluar las prioridades y volver a valorar toda la experiencia adquirida en el intento.

Así podemos dejar el proyecto, buscar otras alternativas o volver a intentarlo después en mejores condiciones por esta experiencia ya vivida.

8.-Si logramos la meta o decidimos dejar el proyecto quedándonos con la experiencia de haberlo intentado, entonces darse permiso para relajarse!

Darse un tiempo para disfrutar lo logrado.

Si nos damos un tiempo para asimilar lo logrado cuando hemos tenido éxito, aparecerán gradualmente todos los pequeños y más grandes detalles que no habíamos visto y que enriquecerán más y más el éxito que habíamos planificado.

9.- Darnos tiempo también si no logramos todo lo que queríamos, y descansar!. Con el descanso iremos viendo con más claridad los aportes que trajo el haberlo intentado.

Este darse un tiempo para digerir el éxito total o relativo es casi más importante que el éxito mismo. Nos permite cerrar un ciclo con armonía y agradecimiento, y estar listos para ver lo siguiente en forma saludable.

Autora, para DeOZ ESTUDIO DE DISEÑO
Iris Zúñiga Pastrián
Psicóloga clínica
Magister en Psicoterapia Gestalt
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